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¿Es tu entrenamiento un castigo?

Un castigo es algo que queremos que pase rápido. Que lo aceptemos o que aprendamos a valorar que tiene una función, no cambia el hecho de que sea un castigo.

Por lo general, si contamos los minutos que faltan para que acabe, hablamos de un castigo. O los kilómetros, o las repeticiones… Si miras la publicidad de muchos gimnasios, verás que la mayoría ofrece “castigos más cortos” como forma de atraer clientes.

El problema con el castigo es que, aunque el día de inscribirnos lo veamos como “justo” y estemos dispuestos a cumplirlo para alcanzar un objetivo de salud, la realidad es algo distinta:

A nivel biológico, las repeticiones y el consumo de energía sin un objetivo concreto son un enemigo que nuestro cerebro va a rechazar por todos los medios que conoce.

“fijaos lo parecido que es al castigo infantil (por fortuna ya anticuado) de hacer copiar 20 veces las tablas de multiplicar a la forma de entrenar de mucha gente.” El libro Exercised expone con todo lujo de detalle el asombroso parecido de muchos ejercicios y los castigos, abarcando desde el gimnasio de tu barrio hasta los prisioneros políticos en cárceles de Siberia.

Uno de esos métodos es la sustitución: si ya has sido castigado por algún motivo, te dirá que ya has cumplido tu castigo y que volver a ser castigado es injusto. Y siento decirte que la mayoría de nosotros recibimos castigos todos los días…un jefe pesado, tu pareja enfadada, el tráfico que está horrible, el tiempo que hace frío, el tiempo que hace calor…

En días normales, esto lo manejamos a través de la perseverancia y la constancia, pero la realidad es que en la vida nos ocurrirán cosas importantes de verdad, y ahí será muy fácil que abandonemos el deporte. En el momento que más lo necesitaremos además. No es casual que  un 60% de la población en España no haga ejercicio regularmente.

Lo contrario a un castigo es el juego. Esto es por un lado la forma más extendida que tiene la naturaleza de manejar el aprendizaje. En seres humanos y en animales. Nuestro cerebro sí va a aceptar y premiar que utilicemos nuestra energía en juegos, ¿por qué no aprovechar este empujón a favor?

De hecho, la mayoría de deportes son juegos, más o menos sofisticados: el fútbol, el pádel, el esquí, el surf, la escalada…no es casualidad que estas sean el tipo de cosas que hacemos en nuestro tiempo de ocio, sin que nadie nos obligue, por simple placer. Y no se trata de la dureza física (la escalada o el rugby no son precisamente suaves) de la actividad, se trata de lo interesante que resulta para nuestro cerebro. 

La vida ya es suficientemente dura como para ponernos castigos innecesarios. Si logras dar con un deporte que convertir en tu premio tras un día duro: enhorabuena. Te has pasado el juego.

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